En el acto de conmemoración del Día de la Bandera que encabezó el presidente Leonel Fernández, el viernes en el Parque Independencia, el historiador Juan Daniel Balcácer, se quejó por el mal uso que desde hace tiempo se dispensa al lienzo tricolor y al Escudo Nacional, por lo que abogó por la modificación de la ley que lo regula, que data de 1943. Tiene razón el titular de Efemérides Patrias, al señalar que a menudo se confeccionan y se venden banderas sin las especificaciones de color y tamaño que establece la Constitución y la ley que regula su uso, situación que también afecta al Escudo Nacional. Con pena hay que admitir que gran parte de la ciudadanía, especialmente en la población juvenil, se ha perdido respeto y devoción por los símbolos patrios, incluido el Himno Nacional, que la gente ya no lo escucha con reverencia o solemnidad cuando es entonado en un sitio público. Duele decirlo, pero aquí se fabrican chancletas con los colores de la bandera, como si fuera un acto de fervor patriótico pisotear al lienzo tricolor. Lo peor es que el proyecto de modificación de la ley sobre uso de la Bandera y el Escudo ha perimido en dos ocasiones en el Congreso, lo que indica que a los legisladores tampoco les importa el tema. Qué pena.
Desorden mayúsculo
Los ayuntamientos del Gran Santo Domingo faltan a su obligación de evitar o impedir que las calles y aceras sean ocupadas u obstruidas por constructores o personas que instalan negocios de todo tipo en las vías públicas. En un reportaje de El Nacional se revela el drama que significa la invasión de vías de paso de peatones y conductores por parte de compañías que construyen edificios en diferentes lugares, sin que las autoridades edilicias digan siquiera esta boca es mía. En intercepciones tan concurridas como la de la avenida Duarte esquina Paris, ya no se puede transitar por las aceras y es difícil hacerlo por medio de la calle, pues ambas están ocupadas por un improvisado mercado de pulgas y de ventas de productos agrícolas. Cada cual se cree en derecho de instalar en aceras o calles un taller de mecánica, fondas, restaurantes, cafetines o usar el espacio público como almacén de materiales de construcción. No hay autoridad.

