Página Dos

RADAR

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Es como para movilizar a toda la sociedad la advertencia del presidente de la Junta Central Electoral (JCE) sobre la amenaza para el sistema de partidos que representan el narcotráfico y el uso y abuso de los recursos públicos. La incidencia de la política en la sociedad no es para que se guarde silencio frente a una advertencia tan inquietante como la del licenciado Julio César Castaños Guzmán. Ante tan siniestros nubarrones tiene razón Castaños Guzmán al señalar que la JCE se casaría con la gloria si evite que el sistema de partidos sea contaminado por prácticas tan bochornosas. Se impone el máximo esfuerzo no sólo del tribunal, sino de la sociedad y los sectores que desean un sistema de partidos diáfano, que traduzca la confianza de la población. La denuncia de Castaños Guzmán no debe caer en sacos rotos, pues es una verdad de a puño que para que unas elecciones sean exitosas no basta una buena organización material del proceso. Es necesario que el ejercicio genere un alto grado de participación consciente. El narcotráfico y el uso y abuso de los recursos del Estado  son malos presagios que deben enfrentarse con determinación y coraje, pues conspiran contra un ejercicio diáfano de las votaciones.

Periodistas no aludidos

Los periodistas que se consideren merecedores de una pensión del Estado, sea por antigüedad, enfermedad o por sus aportes profesionales, no deben sentirse aludidos por los cuestionamientos al festival de jubilaciones que escandaliza a la opinión pública. Lo que se ha censurado no es que se pensione a un periodista que lo merezca, sino a quienes no reúnan las condiciones para gozar de lo que se ha convertido en un privilegio. Educadores y agentes de la Policía no cuentan, con la protección que se ha dispensado a periodistas y allegados a medios de comunicación. No es lo mismo pensionar a quien haya tenido el ejercicio como profesión que a alguien que simplemente ha medrado o se ha valido de los medios para “buscársela”. Molesta que por la falta de criterios, profesionales e impostores sean medidos con el mismo rasero. Quizás sea necesario transparentar el procedimiento para evitar malentendidos. El asunto no es de sensibilidad o generosidad. Que conste.

El Nacional

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