Página Dos

 Radar

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¿Tan peligrosos eran Gilbert y sus dos acompañantes de 18 años que tuvieron que ser perseguidos por un comando especial integrado por agentes de la Policía y de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD)? ¿Acaso tenían armas químicas? Son de las interrogantes que generan suspicacias y que en la mayoría de los casos quedan sin respuestas.

 Por acción u omisión, Junior Javier Minaya Germán, cabecilla de una supuesta banda que hace dos semanas habría matado a tres personas en Las Palmas, Herrera, era perseguido con una tenacidad espantosa por el comando que lo abatió en una residencia de Ciudad Satélite, en Hato Nuevo. Por lo visto, no había interés de capturarlo con vida, ni siquiera para que declarara sobre los múltiples cargos que le atribuía la Policía.

De lo contrario, un comando especial compuesto sabrá Dios por cuántos agentes le hubiera dado oportunidad a que se entregara, como hicieron los dos jovencitos que lo acompañaban. ¿O acaso se temía que después de entregarse podía liquidar a los agentes que lo perseguían con todo tipo de armas de fuego? Con la investigación que se dispuso ocurrirá lo mismo que con la muerte de Angelo Jean Carlos de León (Cacón), que el tiempo se ha ocupado de diluirla. Hasta que se olvide.

El Nacional

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