Estamos cansados de vivir en medio de los malos olores y tener que compartir con personas incultas, que sólo han venido al país a cometer diferentes delitos, como robos, atracos y hasta violación, expuso una de las participantes en la protesta en Santiago contra la presencia haitiana en esa ciudad. Que los santiagueros amenacen con tomar las leyes en sus manos para echar por la fuerza a los haitianos que residen en sus barrios es tan pernicioso como la discriminación y el prejuicio que matizó la movilización patrocinada por organizaciones comunitarias y juntas de vecinos. Es verdad que hay muchos haitianos que residen y trabajan en forma ilegal en el país. Pero también ocurre con miles de dominicanos en Estados Unidos. Son las autoridades y no los ciudadanos las llamadas a intervenir frente a cualquier tipo de violación en que incurra cualquier extranjero. Nadie está facultado para suplantar la autoridad por pésimas y peligrosas que sean las condiciones sanitarias en que residan esos haitianos que los santiagueros quieren echar de su territorio. Las inquietantes protestas son para que las autoridades tomen carta en el asunto. En tanto no se apruebe y aplique una ley de migración, conflictos como los de Santiago serán frecuentes.
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