Nunca se ha explicado la forma cómo el Gobierno garantiza que los tres millones de galones de combustibles que regalará hasta quien sabe cuándo a empresarios del transporte no serán traspasados al mercado negro como ha denunciado la Asociación Nacional de Distribuidores de Gasolina (Anadega). Se sabe que miles de galones de gasolina y gasoil, cuya importación ha sido exonerada por las autoridades a favor de numerosos consorcios empresariales, se mercadean en estaciones de expendio o por vía de intermediario, lo que constituye, además de una acción delictuosa, una competencia desleal. Como si todo este embrollo no fuera demasiado, varios de los gremios regenteados por los dueños del país, han expresado inconformidad porque aspiran recibir más de los tres millones de galones que el Gobierno les regala. También los sindicatos de motoconchistas exigen una cuota amplia de combustible, por lo que se aconseja cavar un pozo petrolero en los jardines del Palacio Nacional para poder saciar la sed de mentados transportistas, sin que nunca se sepa cómo llega tanto carburante al mercado negro, ni se identifiquen a quienes obtienen fabulosos beneficios al operar una próspera industria del chantaje.
Se soltó Un maco
Tal parece que se ha soltado un maco en el Consejo Nacional para la Reglamentación y Fomento de la Industria Lechera (Conaleche), con la denuncia del administrador del Banco Agrícola, Paíno Abreu, de que esa entidad ha dejado de transferir al Bagrícola más de 143 millones de pesos en los últimos dos años, razón por la cual reclamó que se realice una auditoría. El Gobierno aporta diez millones de pesos a Conaleche, cinco de los cuales deben ser depositados en el Bagrícola para financiamiento del sector, pero esos depósitos no se han realizado desde hace dos años. La Asociación de Productores de Leche (Aproleche) alega que el Bagrícola tiene virtualmente secuestrado 160 millones de pesos del Conaleche. Un lío y es de leche.

