El representante de las Grandes Ligas había advertido al asumir su puesto en República Dominicana que sus principales objetivos eran terminar con las alteraciones de edad y documentos en la firma de prospectos y con el consumo de esteroides. Antes que mostrar interés en aclarar un conflicto que de alguna forma afecta la imagen de la nación, el ministro de Deportes, Felipe Payano, lo que hizo fue aprovechar la oportunidad para retrarse, siempre sonriente, con el señor Sandy Alderson. Pero ha bastado con que el enviado comenzara a aplicar las medidas que había anunciado para que comiencen las protestas, al punto de calificarlo de enemigo del país. Alderson está decidido, al precio que fuere, a terminar con el escándalo de las alteraciones de documentos y el consumo de esteroides en los prospectos que son firmados por equipos de Grandes Ligas. No se ha amilanado frente a las protestas ni a las acusaciones. Y la verdad es que nadie ha debido sorprenderse de su actitud, porque desde su llegada al país la había expuesto con mucha claridad. En realidad el problema no es Alderson, sino el engaño que representa la alteración de documentos y la vergüenza con el consumo de sustancias prohibidas. Un escándalo que debe aclararse.
Familias inquietas
Familias de Matancitas, Nagua, que pagaron los iniciales por apartamentos construidos por el Instituto Nacional de la Vivienda (Invi) en la comunidad están preocupadas por la demora para entregar los inmuebles. En noviembre de 2009 todos tuvieron que desembolsar más de 100 mil pesos para completar los trámites bajo el alegato de que el proyecto sería inaugurado en marzo. Pero su mayor preocupación es que a medida que pasa el tiempo las perspectivas se tornan más inciertas. Para colmo no cuentan ni siquiera con información. En una ocasión el Invi alegó que la demora se debió a una investigación sobre denuncias de que algunos adquirientas habían traspasado sus inmuebles. Sin embargo, no se sabe en qué quedó la investigación ni en el Invi nadie ha vuelto a hablar del proyecto. Por lo visto, razones tienen los adquirientes de los apartamentos para estar preocupados. Para una persona pobre tener más de 100 mil pesos abajo, como está la cosa, no jícara de coco.

