Página Dos

RADAR

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El actual proceso electoral ha puesto de relieve algunas excentricidades que dan un matiz muy especial a República Dominicana. Es insólito, por de pronto, que el Congreso Nacional recesará en sus labores porque senadores y diputados están en campaña en procura de reelegirse. Esa actitud evidencia que no es el trabajo lo que les importa, sino los beneficios que derivan de la condición legislativa. De trabajo no pueden hablar, pues de lo contrario no hubieran entrado en la formal suspensión de sus labores. Si buscan quedarse no es para fortalecer el sistema democrático ni mejorar las condiciones de vida de la nación a través de iniciativas, sino para gozar de los privilegios de que disfruta un congresista: buen sueldo, exoneraciones, dietas, viáticos y, para más, un nutrido fondo para el clientelismo. Los ingresos, bien son sumados, son respetables. El receso  también indica que como no sea la aprobación de algún contrato internacional el Congreso no tiene ninguna otra función que amerite sesionar. Quizás nunca hayan trabajado, pero con su comportamiento los congresistas, que hoy se muestran tan sorprendentemente efusivos y preocupados, identifican a República Dominicana como el país de las maravillas.

Nuevos votantes

Los casi 748 mil nuevos votantes en que se ha incrementado la población electoral realza el papel de la juventud en los comicios de mayo. Además de calidad a la campaña con sus novedosas propuestas es obvio que la juventud también aporta cantidad. Representan más del seis por ciento de los más de seis millones de personas inscritas en el padrón electoral. En las congresuales y municipales de 2006 el padrón se componía de 5 millones 369 mil 64 electores, con un aumento para este 2010 de 747.3 nuevos votantes. No significa que todos concurrirán a las urnas, pero no se puede ignorar que constituyen un segmento importante, digno de tomarse en cuenta. En términos de presencia y propuestas programáticas la juventud también ha marcado la diferencia. Esos postulantes, que se han convertido en tan agradable aliciente frente a un proceso opaco, han sido lo menos contaminados, salvo excepciones, en el asqueante transfuguismo que ha caracterizado el certamen.

El Nacional

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