Página Dos

RADAR

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Es demasiado trascendente como para dejarla pasar por alto la histórica aprobación por la Cámara de Representantes del proyecto de ley, conocido como Dream Act, que legaliza a los estudiantes indocumentados en Estados Unidos. Todavía queda el cedazo del Senado, pero dado el control demócrata de ese cuerpo la iniciativa impulsada por el presidente Barack Obama puede darse como un hecho al sortear el más difícil de los obstáculos legislativos. Si bien la amnistía sólo favorece a inmigrantes llegados a Estados Unidos antes de los 16 años, con más de cinco en el país, más de dos en una universidad o que se inscriban en las Fuerzas Armadas, de todas formas se trata de un paso histórico. Cierto es que los estudiantes ganan mucho con la tranquilidad que tienen para vivir en Estados Unidos, pero también esta nación con la retención de futuros profesionales. La verdad es que la oposición a que se legalice estudiantes que, como dijo el demócrata Luis Gutiérrez, son americanos en todo, sólo que no tienen papeles, carece hasta de sentido lógico.  Aparte, como dijo el también demócrata Elliot Engel, de que el cielo no va a derrumbarse con una legislación que en nada perjudica a Estados Unidos. Algunos republicanos lo entendieron bien.

Contra las cuerdas

Hace unos días la representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) citaba como una paradoja el crecimiento de la economía y el elevado índice de pobreza. Ahora el representante del Banco Mundial, Roby Senderowitsch ha sido más específico al advertir que el Gobierno compromete el futuro de la nación con la reducida inversión en la enseñanza.  Todos los pretextos del Gobierno para justificar la ínfima asignación a la enseñanza han sido refutados con sus propias estadísticas económicas o con compromisos para fomentar el desarrollo.  Cuando el presidente Leonel Fernández alegó que la mejoría de la calidad de la enseñanza no era un problema de dinero, sino de filosofía, figuras como Senderowitsch precisaron que con ese propósito el país cuenta con el Plan Sectorial de Educación y la Estrategia Nacional de Desarrollo. La intervención de técnicos internacionales ha colocado al Gobierno en una difícil encrucijada. Contra las cuerdas.

El Nacional

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