Durante un encuentro en el Palacio Nacional con el jefe de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah), el presidente Danilo Medina reiteró su compromiso de apoyar el proceso de recuperación de la vecina nación. Se trata de un compromiso saludable, que conviene tanto a la estabilidad de Haití como a las buenas relaciones entre los dos países. Si el jefe de la Minustah, Mariano Fernández, decidió entrevistarse con el mandatario dominicano es porque está muy consciente del papel que juega este país en el proceso político y social de la empobrecida República. En las condiciones en que está aquel país la Minustah es vital para preservar la seguridad y el orden, sobre todo cuando todavía carece de Ejército. Pese a lo mucho que ha contribuido, República Dominicana puede ayudar más todavía a fortalecer el sistema y apuntalar las reformas que contempla el presidente Michel Martelly. El presidente Medina ha valorado tanto las relaciones que ha planteado incluso la necesidad de un acuerdo comercial, al margen de otros proyectos que se ejecutan en la zona fronteriza. Es significativo que el encuentro haya coincidido con la reunión de los ministros de Salud Pública para abordar problemas sanitarios.
La LN con otro gordo
Nuevos sorteos, como El Gordo de la Primitiva que anunció la Lotería Nacional, representan un mecanismo para captar más recursos. Aunque exista la probabilidad de que algún apostador pueda alcanzar sus sueños de la noche a la mañana, tras resultar agraciado, los juegos de azar representan un impuesto a la esperanza. Sobre todo, de los más desposeídos, que en definitiva son los que más sueñan y por tanto los que más juegan. Son tantos los juegos que abundan en este país que las apuestas constituyen una industria muy rentable, incluso para el fisco, aunque vergonzosa. Con la gama que existe cualquiera pensaría que ya está bueno. Pero con sorteos como El Gordo de la Primitiva, de España, se amplía la competencia. Los apostadores tienen más opciones. Son muchos los que, en pos de un golpe de suerte, botan habitualmente, por si las moscas, un par de 100 pesos. No tienen otro medio que no sea a través del juego la esperanza de dar con unos cientos de miles de pesos.

