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El fraude por unos 16 millones de pesos en el consumo de energía por el que la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) acusa a la empresa Templastisa no debe quedar en el aire. El administrador Rubén Bichara y los técnicos de la Empresa Distribuidora del Este (Ede-Este) hicieron una gran labor,como lo reconoció el licenciado Celso Marranzini, para detectar el fraude en la firma ubicada en Santo Domingo Este. La versión de que el presidente de la compañía, Hamlet Marcos antonio Vásquez Rodríguez, logró salir del país para evadir el proceso judicial ha generado cierto escepticismo. No se sabe cómo el empresario logró ausentarse ni tampoco a  qué altura está el expediente. Las aprensiones son lógicas. El procurador Moisé Ferrer había declarado  que para cometer el fraude del cual se beneficiaban varios negocios vinculados se incurrió en la desconexión de dos fases  del sistema para impedir que el medidor  pudiera cuantificar el consumo real de energía, además de utilizar un canalizador de doble tiro. Marranzini y Bichara han jugado su papel en defensa del servicio y de los consumidores, que son quienes siempre han pagado las consecuencias. Las expectativas que causó la acción no deben esfumarse.

Exclusión irrelevante

La exclusión de la Falange Española del expediente por prevariación no es como para que el juez Baltasar Garzón cante victoria. El magistrado de la Audiencia Nacional sigue en capilla ardiente pues el grupo “Manos Limpias” y los demás persecutores no descansarán hasta inhabilitarlo. Lo de sentarlo en el banquillo de los acusados es lo de menos frente a la conspiración de que es víctima el compente y responsable magistrado.  Las desapariciones del franquismo es sólo el pretexto para la embestida de la derecha española contra el sistema judicial. Garzón no es más que el chivo expiatorio. Con la exclusión de la Falange Española no se persigue grantizar un juicio justo, sino guardar las apariencias. De lo contrario se hubiera desestimado el insólito proceso que se ha abierto contra un magistrado cuyo único delito ha sido intentar hacer justicia, que se supone es la misión de los jueces tanto España como en cualquier nación del planeta. La realidad es otra cosa.

El Nacional

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