Lo peor del cólera todavía no ha pasado. La advertencia hecha por el ministro de Salud Pública, Bautista Rojas Gómez, subraya la necesidad de reforzar los controles sanitarios para combatir una enfermedad que en Haití ha dejado miles de víctimas. Alienta y perturba a la vez que Rojas Gómez haya descrito tal cual es la incidencia del cólera en víspera de un encuentro con representantes de Cuba, Perú, Estados Unidos y Haití para compartir experiencias sobre la epidemia. Además de que es fundamental mantener controles tan eficaces como el cordón sanitario alrededor de la zona fronteriza, la gente también tiene, por lo visto, que prestar atención a las recomendaciones para prevenir contagio. Todos los esfuerzos que se hagan contra el cólera serán siempre saludables. Sólo hay que mirarse en el espejo de la catástrofe haitiana. Además de la salud, la enfermedad incide en muchos otros sectores, algunos tan sensibles como la industria turística, y por ende en la economía. Si bien ha realizado lo que parece una encomiable labor en la lucha contra el cólera, complace todavía más que el Ministerio de Salud Pública mantenga la guardia en alto, consciente de la gravedad de la enfermedad. Es estar en lo que tiene que estar.
Humala al frente
El izquierdista Ollanta Humala ha picado al frente en los sondeos para la segunda vuelta de las elecciones del 6 de junio en Perú. Hasta el Premio Nóbel de Literatura, Mario Vargas Llosa, ha endosado su respaldo al candidato que ganó la primera vuelta con un 31,69 por ciento de los votos. Humala disputará las elecciones con la señora Keiko Fujimori, hija del encarcelado expresidente Alberto Fujimori. Pero el 42 por ciento contra el 36 no es una ventaja significativa, además de que indica que la hija de Fujimori ha tenido mayor repunte que él en las preferencias electorales. La llave del desenlace la tienen los partidos centristas, algunos de los cuales estarían más cerca del candidato izquierdista. Humala es un ex militar de 48 años de edad, identificado con la revolución del exgeneral Juan Velasco Alvarado y con el modelo brasileño del expresidente Lula da Silva. La derecha busca cerrarle el paso a través de una feroz campaña que lo presenta como un peligro para la democracia.

