Página Dos

RADAR

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Exceso
El sector empresarial incurre en un exceso, por demás sospechoso, al responsabilizar al ingeniero Radhamés Segura de la crisis que gravita sobre el servicio eléctrico. Negar la crisis sería como querer tapar el sol con un dedo.  Esa es la verdad. Pero tampoco es para verla de manera parcial e interesada. Uno de los problemas ha sido que el sector empresarial no ha hecho las inversiones consignadas en la ley de capitalización del servicio eléctrico. Al parecer, a los empresarios no les gusta que Segura recuerde ese aspecto de la crisis. Pero tampoco que se deje narigonear, como una suerte de marioneta, por los complejos intereses que giran en torno al sector. No se puede olvidar que el presidente de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) ha sido de los grandes defensores del patrimonio público. Claro que también ha incurrido en errores, pero no de la dimensión como para que se pida su cabeza. ¡Estamos! ¿O todavía falta más?

Otro caso deplorable

La Policía se ha anotado un punto al aclarar la muerte durante un atraco de un hijo del diputado Rafael Molina Lluberes, pero no es como para cantar victoria con los muchos casos pendientes que tiene por delante.

Entre esos desafíos está el atentado de que fue víctima un hijo del también diputado Víctor Luis Lasosé, en Moca. El joven, de 20 años de edad, fue agredido a golpes y puñaladas para despojarlo de un celular.

Sin embargo, la aparente aclaración de la muerte del joven Wellington Lluberes es una buena señal de que la población no está desamparada y que de alguna forma la Policía Nacional realiza su trabajo.

Wellington Lluberes, de 35 años de edad, murió  a causa de tres balazos que recibió durante un atraco en la avenida Privada con Rómulo Betancourt, del Mirador Norte. Tanto el crimen de Lluberes como la agresión contra Lasosé exponen con marcados caracteres la violencia callejera.

No son dos ni tres las personas que han muerto o han sido heridas para despojarlas de una motocicleta, un celular o cualquier pertenencia. La vida no cuenta para una delincuencia que de ninguna manera se puede dejar que instaure sus reales ni siquiera en un ápice del territorio.

Las autoridades deben saberlo y lo mejor es no cerrarse.

El Nacional

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