Los números rojos que han salido a relucir en el Sistema de Seguridad Social no son para ignorarse ni minimizarse. Constituyen una inquietante señal de la alerta sobre un régimen que aún no acaba de superar múltiples obstáculos en materia de servicios.
A una burocracia excesiva e incapaz de garantizar atenciones algo más que aceptables, ahora el propio superintendente de Salud y Riesgos Laborales, Fernando Caamaño, cita que el régimen opera con un déficit mensual de 100 millones de pesos. Si bien el tesorero Henry Sahdalá habla sólo de 32 millones, que tampoco es jícara de coco, ambos coinciden en que las condiciones socioeconómicas gravitan como telón de fondo del problema.
Por un lado, los bajos salarios de los cotizantes y el incremento de los dependientes, que en 2012, fue superior a los 100, y por el otro las elusiones de empresarios desaprensivos. No hay entonces que dar muchas vueltas para concluir que las perspectivas del sistema son sombrías si no se corrige en un plazo prudente el déficit con que opera.
Se sabía que existían sus problemitas, pero ni por asoma que eran de tal magnitud. Para colmo persisten las quejas de los usuarios que tienen que pagar diferencias por atenciones médicas.

