El presidente Leonel Fernández regresa hoy tras completar una gira de seis días por Guatemala y Brasil, en cuya primera estadía pasó revista con su colega Alvaro Colom a las relaciones comerciales entre República Dominicana y esa nación centroamericana, mientras que en Río de Janeiro participó en el Foro Económico Mundial, donde resaltó el crecimiento de América Latina. El Presidente retorna con una mala noticia y una buena promesa. La mala nueva es que se ha acentuado el déficit en el intercambio comercial con Guatemala y con toda Centroamérica, lo que demuestra seria debilidad en la capacidad productiva nacional para aumentar las exportaciones de productos no tradicionales. Después del Tratado de Libre Comercio con Dominicana, Guatemala ha triplicado el valor de sus exportaciones a Santo Domingo, en tanto que las ventas de productos nacionales a ese destino han disminuido. La buena promesa se refiere a la intención expresada por el consorcio brasileño Odebrecht de construir una planta eléctrica en Montecristi con capacidad para generar 500 megavatios. Ojalá que Gobierno y sector productivo logren revertir los términos del intercambio comercial con Centroamérica y que se materialice la promesa de inversión brasileña.
Idioma especial
Habrá que inventar un idioma especial para poder comunicarse y hacer entender a la sociedad dominicana que hoy se padece una crisis energética sin precedente, derivada de los altos precios del petróleo, que ayer se cotizó a 114 dólares el barril, que puede provocar el colapso de toda la economía. Esa crisis puede ser agravada por malas políticas aplicadas por las autoridades, pero su envergadura está dada por el oscuro entorno internacional. Gobierno, sector productivo y población no deberían arrinconarse en el muro de los lamentos, sino procurar alternativas que alivien el duro impacto de las alzas del petróleo, principalmente por el lado de la economía en el uso de combustibles. El caótico sistema de transporte público de pasajeros está a punto de sucumbir por lo incosteable que resulta su operación, mientras que el sector eléctrico casi se derrumba por las mismas razones. El tema de la crisis del petróleo no debería convertirse en objeto de politiquería, sino en debates y reflexiones que ayuden a aliviar tan pesada carga.

