¿Qué pasó?
El escándalo sexual protagonizado en Miami por el popular sacerdote Alberto Cutié, sorprendido en una playa acariciándose con una mujer y haciéndolo bajo una toalla, se ha prestado a toda suerte de conjeturas. ¿Qué necesidad tenía un sacerdote tan conocido de exhibirse en público con una mujer en un acto impropio de su condición? Pero más tratándose de un religioso considerado por sus superiores con mucho talento vitalidad y experiencia, que conducía un programa radial de orientación a parejas con conflictos y dirigía la parroquia San Francisco de Sales, en Miami Beach. Por su encomiable labor social, antes que condena, ha contado con una creciente solidaridad de la feligresía católica en Miami. Este y otros escándalos sexuales protagonizados por sacerdotes son como para que la Iglesia Católica se aboque a una revisión del celibato y otras restricciones de la vida sacerdotal. No en todos los casos se ha tenido la sinceridad y valentía del religioso de dar la cara y de aceptar su responsabilidad.
Pez gordo en las redes
Si es como lo ha descrito la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) podría tratarse de un peje gordo en el negocio del narcotráfico el empresario francés detenido en la autopista Duarte.
Según la DNCD, Akta Soner, de 40 años de edad, era de los cabecillas de la distribución de cocaína en Puerto Plata, Cabarete, Sosúa, Sabaneta y Gaspar Hernàndez. Se sabe que la zona es de los principales centros de acopio, sobre todo de extranjeros.
Antes que el empresario francés, a quien se atribuye operar una red de sicarios integrada por agentes policiales, había sido detenido en Santiago el dominicano Franklin Hidalgo.
Dice la DNCD que Soner y el dominicano estaban entre los principales zares del negocio de drogas en la región. Si es así, la detención de ambos representa un golpe contundente a la nefasta operación.
Los que caían siempre eran mulas o consumidores. Las detenciones pueden llevar a eslabones superiores en la cadena de distribución de drogas en el país.
Las propias autoridades han reconocido que el mercado está inundado de cocaína, que es introducida a través de múltiples canales. Como los correos humanos no han aportado mucho, tal vez los pejes gordos que han caído en las redes proporcionan los detalles que se requieren para pulverizar el siniestro negocio de las drogas.

