Todos anhelan la mejor educación para sus hijos. E incluso una sociedad más educada. Pero sin maestros que realicen esa labor, ¿cómo se pueden alcanzar los objetivos? El conflicto que ha surgido con la demanda salarial de los maestros vuelve a colocar en primer plano el debate sobre la educación.
República Dominicana debe preguntarse qué tipo de educación es la que quiere. Porque si es de calidad, que contribuya con el desarrollo, tiene necesariamente que pensar, además de nuevas aulas y planteles, en maestros.
Cierto es que la vocación define la primera condición de un educador. Pero con el estímulo de una remuneración digna, que le permita subsistir y superarse, podrá realizar una mejor labor.
En las condiciones en que desenvuelven sus labores el aumento de sueldo que reclaman los maestros no es ninguna exageración ni mucho menos un atentado contra la estabilidad financiera del sistema. ¿Acaso la titular no se reajustó el sueldo? ¿Y cuánto devengan burócratas que han llegado a los cargos por política y no por concursos? Sin buenos maestros República Dominicana no va alcanzar la educación que necesita, aunque cuente con los planteles más modernos. Tampoco se debe olvidar que la escuela está donde está el maestro.

