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El alcalde de Santiago, Gilberto Serulle, tendrá que espabilarse para que la basura no se convierta en un sello distintivo de su gestión. Los desperdicios, para indignación de sus habitantes, que tanto orgullo proclaman por su ciudad, suelen proliferar hasta en las zonas más exclusivas. De un tiempo a esta parte Santiago se ha convertido en uno de los municipios que más problemas tiene con la recogida de basura.

Toda la alharaca de Serulle se ha venido al suelo frente a las dificultades para mantener o devolver el esplendor a una ciudad que, además de su empuje económico, su clase empresarial y sus íconos históricos y urbanos, se vanagloriaba de su limpieza. Pero, por las razones que fueren, bajo la gestión de Serulle el encanto se ha perdido.

En barrios como Cienfuegos, Buenos Aires, Los Reyes, Los Ciruelitos, Espaillat, Los Pepines, Bella Vista y otros los desperdicios constituyen una especie de pan nuestro de cada día. Si Serulle no se espabila y toma el toro por los cuernos con respecto a la basura nadie más que él cargará con la responsabilidad. No importa las obras que construya. El mal olor y los problemas sanitarios indican que tendrá que empantalonarse frente a los montículos de desperdicios.

El Nacional

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