Los resultados de un censo en las cárceles pintan de cuerpo entero el abusivo y caótico sistema penitenciario. Es insólito que las propias autoridades tuvieran que reconocer que decenas de personas guardaran prisión por multas de poca monta y, lo que es peor, después de haber cumplido las penas a que fueron condenadas. El abuso es resultado del desorden de un sistema que no valora la condición humana ni los derechos jurídicos de los presidiarios.
Los resultados del censo son para que se establezcan responsabilidades contra los encargados, que tiene que haberlos, de que decenas de personas quedaran privadas de su libertad después de haber cumplido la sentencia de los tribunales. ¡Y tanta sandez que se ha hablado sobre la supuesta modernización de un sistema penitenciario que, en la práctica, es infuncional. Al menos para los recursos que carecen de medios para hacer opinión pública.
A las autoridades penitenciarias debería remorderle la conciencia por el crimen que han revelado. Al margen de las medidas que necesariamente tienen que tomarse, lo primero es excarcelar, y bien procede también compensar, a todos esos reclusos que ya han cumplido su condena o que por alguna nimiedad todavía están en prisión.

