Por más que se minimicen, el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) no acaba de superar los conflictos y deserciones que lo han acompañado a todo lo largo del proceso electoral. El último capítulo ha sido el recurso para embargar las cuentas bancarias elevado por cuatro dirigentes de la organización. En tanto figuras como el ingeniero Guillermo Caram han endosado en las últimas horas la candidatura de Hipólito Mejía, otros como Eddy Alcántara, Daniel Perdomo y Alfonso Fermín Balcácer dificultan sus operaciones administrativas con acciones judiciales. Puede darse por descontado que la acción no prosperará, pero no se puede negar que hace daño en un partido que ha tenido que sortear variados obstáculos. El respaldo al binomonio Danilo Medina-Margarita Cedeño acentuó la dispersión que había comenzado a verificarse desde los preámbulos sobre la participación del PRSC en las elecciones. El proceso es historia, pero los problemas no han cesado. Con unas elecciones al doblar de la esquina, el embargo de las cuentas bancarias puede que sea el último recurso contencioso, pero no el punto final de los golpes de efecto que en esta etapa del proceso todavía ha de enfrentar el PRSC.
Giro en escándalo
La periodista Nuria Piera ha agregado otro perturbador ingrediente al escándalo que involucra al senador Félix Bautista con supuestos contratos irregulares en Haití al denunciar una caza de brujas contra presuntos informantes de las operaciones. De ser como ha declarado, el escándalo ha tomado un curso que, más que aclararse, tiende a oscurecerse. Según Piera, los servicios de inteligencia del Gobierno han allanado residencias y negocios de presuntos sospechosos de proporcionarle el material sobre las cuentas bancarias y pagos que habría efectuado el senador al presidente de Haití, Michel Martelly, cuando era candidato. Y sobre otras operaciones relacionadas con empresas a las que estaría vinculado el también secretario de organización del PLD. Tanto Martelly como el legislador han negado las denuncias, pero lo de la supuesta persecución aporta un ingrediente que, en el mejor de los casos, al menos se presta a confusión. Y debe aclararse.

