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Radar

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La demanda de reajuste salarial enarbolada por los profesores en modo alguno puede convertirse en un pulso que lesione la docencia. La disposición al diálogo y la debida sensatez tienen que mantenerse por encima de todo tipo de necesidades o intereses que puedan alimentar confrontaciones perjudiciales para el sistema educativo.

En el marco de las negociaciones se puede catalogar como buena señal la declaración del ministro Administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, en el sentido de que además del 20% el Gobierno se compromete  a satisfacer la demanda de los educadores, pero en forma escalonada. Para el 2015, los maestros  podrán contar con un reajuste salarial, como reclaman ahora, de un 100 por ciento.

Hay que comprender  que el salario de los maestros, por exiguo que en realidad sea, no es el único problema del sistema educativo. Es obvio entonces que la ministra de Educación, Josefina Pimentel, y el presidente de la ADP, Eduardo Hidalgo, tienen, por encima de todo, que ser francos en el auspicioso diálogo que se han propuesto en torno al problema salarial. Y como es tanto lo que se necesita para mejorar la calidad de la enseñanza lo mejor es dialogar con todas las cartas sobre la mesa.

El Nacional

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