Mientras existan focos contagiosos como el Mercado Nuevo será muy difícil ganar la guerra a una epidemia como el cólera. Las condiciones ambientales que priman en el centro son el mejor caldo de cultivo para la propagación de una enfermedad que ha sembrado el pánico en la población. La basura, aguas negras, plagas de alimañas y la falta de higiene describen el espantoso cuadro que conforma la el expendio de alimentos. A pesar de las múltiples quejas y denuncias no ha habido forma de que las autoridades presten atención a las deplorables condiciones sanitarias del Mercado Nuevo. Especialistas sostienen que por constituir una fuente para la propagación del cólera la plaza es uno de los primeros sitios que ameritan de un saneamiento riguroso. Consumir los productos que se adquieren en el mercado de la avenida Duarte es exponerse a cualquier tipo de enfermedad. Los ingredientes que componen la epidemia requieren para combatirla la intervención tanto del Ministerio de Salud Públicas como de los Ayuntamientos y todas las entidades relacionadas con los servicios sanitarios. Las condiciones del Mercado Nuevo es un alerta sobre la necesidad de diversificar los operativos contra el brote.
Acuerdo a prueba
No se puede dar como un hecho hasta que sea aprobado definitivamente el acuerdo a que se habría llegado para superar el impasse en torno al Consejo Nacional de la Magistratura. La pieza había sido consensuada, pero todo cambió cuando el presidente Leonel Fernández la observó para introducirle algunas figuras. Desde entonces ha estado empantanada en un Congreso que ha sido incapaz de asumir su papel de legislador en beneficio del interés de la nación para plegarse a ambiciones de poder. Con el Presidente de la República eliminar el voto calificado que introdujo o dejar sin efecto la modificación se superaba el tranque sobre el Consejo Nacional de la Magistratura. La experiencia ha demostrado que los acuerdos políticos no garantizan la solución de conflictos políticos. Los congresistas deben tener el valor de asumir su responsabilidad para superar el tranque sin necesidad de recibir órdenes. A menos que se consideren títeres del poder político.

