Página Dos

RADAR

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El Gobierno israelí se incrimina al objetar una investigación sobre la muerte de 19 activistas que formaban parte de la flotilla marítima que transportaba ayuda humanitaria a la Franja de Gaza. Lo que ahora está por verse es si el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Estados Unidos y otras potencias permitirán que el Gobierno de Benjamín Netanyahu vuelva a salirse con las suyas. De ser así entonces hay que terminar con la comedia sobre el alegado peligro para la paz mundial que representan los aprestos nucleares de Irán. Crímenes como los que se acaban de cometer contra civiles indefensos, que cumplían una misión humanitaria a favor del pueblo palestino, ponen a prueba el discurso y la preocupación de las potencias sobre la seguridad y la tranquilidad en el planeta. Y como si contara con una licencia para sus atrocidades el Gobierno de Netanyahu objeta la investigación, sin importarle que se incrime, que, para no condenar el genocidio, habían pedido los organismos internacionales. La hipocresía y la complicidad de las grandes potencias y de los organismos internacionales son, entre otros factores, los que propician atentados tan perturbadores como los que acaba de cometer Israel contra civiles desarmados.

Castigan a Salcedo

Apagones de hasta 20 diarias, como se ha denunciado en Salcedo, constituyen un castigo para cualquier comunidad. Y más cuando, conforme al incremento de la generación, parecen no justificarse. Pero la diferencia entre Salcedo y otras comunidades en cuanto al rigor de los apagones no sea más que la duración. Desde que pasaron las votaciones del 16 de mayo las interrupciones del servicio eléctrico han vuelto por su fuero y, para más irritación, acompañadas de un alza en las facturaciones. La intensidad de los apagones tiene que reducir a su mínima expresión la actividad comercial en un municipio como Salcedo. Es obvio que el vicepresidente de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), Celso Marranzini, no acaba de dar todavía con la respuesta al problema de los apagones. En lo que más insiste, sin embargo, es en que los consumidores tienen que pagar un servicio que no puede ser más deficiente y costoso. Lo que ocurre en Salcedo es una preocupante señal.

El Nacional

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