La Fundación Pasitos de Jesús, con sede en Boca Chica, es otro vivo ejemplo de que obras son amores, y no buenas razones. Con más deseos de servir que recursos Dalma Florián Santana ha levantado una guardería para asistir a niñas huérfanas y abandonadas. La historia es tan conmovedora como la suerte de algunas de las niñas que, gracias a la tenacidad de la propulsora del proyecto, hoy cuentan con un espacio, alimentación y educación.
Una niña con el síndrome de Down, que quedó huérfana cuando la madre murió electrocutada, y el caso de otra que además de presenciar el asesinato de un hermano había sido violada por el padrastro marcaron el inicio de un proyecto en que, en principio, Dalma corría con todos los gastos. Y si bien hoy cuenta con su propio local, gracias a la colaboración de misioneros religiosos, todavía hay que hacer malabares para cubrir los gastos.
El Plan Social de la Presidencia suspendió desde 2011 una raquítica colaboración de 35 raciones, que necesita tanto como un autobús para transporte las niñas a la escuela. Con tantos niños que quedan sin amparo a causa de la violencia intrafamiliar, una obra como la Fundación Pasitos de Jesús merece todo el respaldo de las autoridades y la ciudadanía.
