Protestas en Perú
Los índigenas han vuelto a tomar las calles en Perú, pero en esta ocasión con el respaldo de trabajadores, estudiantes y otros sectores sociales. El Gobierno de Alan García suspendió el decreto que ha provocado los levantamientos, pero los índigenas no se fían y lo que quieren es que se anule definitivamente la expropiación de tierras amazónicas. Los conflictos, que han dejado unos 32 muertos y decenas de heridos, ha puesto en una situación bien difícil al gobierno aprista. Las expropiaciones a que se oponen los nativos son con el propósito de iniciar la explotación de petróleo y gas en la selva amazónica.
Los índigenas, que ya cuentan con un importante apoyo urbano, todavía tienen bloqueadas algunas carreteras. La tensión se ha incrementado a tal punto que la comisión designada por el Gobierno no ha podido dialogar con los líderes del movimiento amazónico. Perú no sólo está que arde, sino en una disyuntiva entre la paz y los recursos que proporcionaría la explotación petrolífera de la selva amazónica. Pero a todo, lo cierto es que la estabilidad social de que había disfrutado García se ha ido a pique con las movilizaciones, que ya no son propiamente indígenas o rurales, sino nacionales.
Consumo de drogas
Las cifras que se han ofrecido sobre el consumo de drogas no coinciden por ningún lado. El presidente de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), mayor general Gilberto Delgado Valdez, ha estimado en 18 mil los consumidores, al igual que el director de Casa Abierta, licenciado Radhamés de la Rosa. Sin embargo, causó sorpresa la afirmación del asesor del Poder Ejecutivo, doctor Marino Vinicio Castillo, en el sentido de que de 250 mil a 300 mil jóvenes estaban involucrados en la drogadicción. Por lo menos el director de Casa Abierta considera la afirmación como una exageración y la atribuyó al tremendismo que a su juicio caracteriza a algunos funcionarios. El presidente de la DNCD estima, sin embargo, que Castillo pudo haber sido tergiversado o sacado de contexto. Pero la verdad es que pese a los golpes que ha recibido la drogadicción no ofrece señales de ceder. Y que es un problema que se tiene que enfrentar con todos los recursos habidos y por haber.

