Quizás en todos los países el movimiento sindical ha operado como un brazo de los partidos políticos. Pero en la inmensa mayoría, a diferencia de República Dominicana, ha sabido diferenciarse entre los intereses de la clase trabajadora y el de las agrupaciones políticas. Las veleidades y connivencia con el poder han restado representatividad a la lucha sindical en este país. Fuera del plano mediático los líderes sindicales nada pintan. Y a lo más que llegan es a representarse a sí mismos, pero en modo alguno a la masa trabajadora. De ahí que tenga mucho de cierto la autocrítica de algunos sindicalistas en el sentido de que los partidos políticos les han robado el espacio a los trabajadores en la defensa de sus intereses. La celebración del Día del Trabajo, que en este país es una fecha más, debe prestarse al menos para reflexionar sobre el papel que ha desempeñado la clase sindical. Aunque hay quienes advierten que el tiempo es para fumigar, depurar y hacer una profilaxis en un movimiento sindical que ha actuado de espaldas a los intereses de los trabajadores. Al margen de las preferencias políticas, la realidad es que el sindicalismo no ha sintonizado con las expectativas de los trabajadores.
Promedio deficiente
Todos los factores que cita el Ministerio de Educación sobre el deficiente promedio en las Pruebas Nacionales son de su incumbencia. En una escala del 0 al 30, la media en las evaluaciones de 2011 alcanzó 17 puntos, equivalente a un 56.6 por ciento. El resultado es alarmante y denota la crisis que sacude el sistema de enseñanza en las escuelas públicas. Lo reconoce la propia cartera de Educación al citar entre los factores del bajo rendimiento que no se haya cubierto el contenido del currículo por la pérdida de docencia, la baja formación del profesorado o que los centros no contaran con las condiciones y recursos para gestionar un buen proceso de aprendizaje. El desastroso promedio es otra de las muchas muestras sobre la necesidad de mejorar y reorientar la inversión en la enseñanza. Con resultados tan espantosos, dados a conocer por el propio Ministerio de Educación, no se puede pretender que la nación trille los senderos del desarrollo social y económico.

