Bolsas eufóricas
La euforia que marcó el cierre de las principales bolsas mundiales representa, pese a los nubarrones que todavía ensombrecen la recuperación económica, un signo esperanzador. Aunque de ninguna manera, por supuesto, para sobredimensionar las ilusiones. La cancller alemana Angela Merkel ha advertido que aún falta mucho para superar la crisis que afectó a las grandes economías. La euforia con que cerraron los principales índices no despeja la incertidumbre que se cierne sobre 2010, pero es traduce mucho aliento. Al menos para países como República Dominicana la recuperación económica es fundamental para renglones como turismo y remesas, así como para las exportaciones. Mejor todavía si la revitalización de esos renglones se acompañara de la racionalización del gasto. A causa de la crisis financiera internacional, aunque no todas las sufrieran con la misma intensidad, las bolsas de valores pasaron momentos difíciles en 2009. De no ser por la intervención de los gobiernos la depresión hubiera sido más catastrófica. Las ganancias que registraron los mercados marca sólo un signo saludable, pero no en modo alguno que la crisis es un asunto del pasado. La euforia lo que aconseja es cautela, sobre todo en estos países.
Subidas en cadena
El alza en los carburantes dispuesta por el Gobierno ha desencadenado anuncios de aumentos en sectores como el transporte. Los empresas de transporte ya han anunciado que a partir del miércoles subirán los precios de los pasajes, y lo mismo se proponen los transportistas de carga. Los comerciantes tendrán entonces que subir varios artículos y bajo el argumento de incremento de los costos los productores también subirán los precios. Los consumidores, impotentes, no tendrán más que sufrir la escalada alcista derivada del aumento de 8.20 y 7.90 a las gasolinas; 7.60 a los dos tipos de gasoil, y 4.50 al gas licuado de petróleo. El golpe es duro, máxime cuando los precios de los combustibles no bajaron en la misma proporción que lo hacía el petróleo. Como si existiera un acuerdo secreto, los transportistas consideraron el aumento como un palo acechao y traicionero del Gobierno. En tanto se tensa, la transparencia brilla por su ausencia en el inflamable mercado.

