EL drama los niños buzos
Los niños que se ganan la vida escarbando en el vertedero de Rafaey, en Santiago, sobreviven por la gracia de Dios. Su drama, espantoso y conmovedor, amerita de la intervención de las autoridades. El humo que respiran en la infernal faena ha generado brotes de toda suerte de enfermedades respiratorias. Son niños que provienen de familias que viven en la pobreza extrema, que para subsistir tienen que exponerse como buzos en vertederos de desperdicios. Por más apremiantes que sean sus necesidades las autoridades deberían impedirles que se expongan a enfermedades y hasta la propia vida buceando entre los desperdicios.
A través de una investigación se determinó que el vertedero, próximo al sector Cienfuegos, experimenta las peores y más riesgosas formas de trabajo infantil. El panorama lo dice todo. Se tiene que ser muy frío e inhumano para no conomoverse ante un drama tan espantoso. Ya no son sólo las condiciones en que tienen que ganarse la vida, sino que corren el riesgo de morir a causa de las enfermedades. El Gobierno y el Ayuntamiento de Santiago tienen que explorar alguna fórmula para rescatar a los infantes de un ejercicio cruel e impropio de su condición. Pero ese esfuerzo tienen que hacerlo cuanto antes, siquiera por piedad.
Sistema en crisis
Si más de 55 mil estudiantes no han podido ingresar a universidades porque no han aprobado las Pruebas Nacionales, se trata de la muestra más fehaciente de la crisis del sistema educativo. No se puede culpar a los estudiantes por no superar los exámenes en Lengua Española, Naturales, Matemáticas y Sociales. Pero tampoco son dos ni tres quienes de 2006 a 2008 se han quedado rezagados. Al dar la información, el secretario de Educación, licenciado Melanio Paredes, debió aclarar que porcentaje representan los reprobados. El caso confirma, sin embargo, que la enseñanza en básica y secundaria anda muy mal. El malestar de que ha dado cuenta Paredes debe servir de experiencia para iniciar una profunda evaluación del sistema de enseñanza. Tendrá que determinarse si el problema está en los estudiantes, en las pruebas o en el sistema de enseñanza. Pero la realidad es que con bajos niveles de educación no se puede hablar de desarrollo.

