Página Dos

RADAR

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Consciente del valor y preocupado por su suerte, Santiago ha avanzado un paso trascendental con el acuerdo para preservar y rescatar su patrimonio histórico. El Cabildo, el Ministerio de Cultura, el Arzobispado y el Consejo para el Desarrollo del Centro Histórico acordaron preservar a través de un programa las casas victorianas que forman parte de la identidad de la ciudad. Se trata de un legado arquitectónico y cultural en progresivo proceso de extinción por la desidia de las propias autoridades. El compromiso contempla someter ante los tribunales a los propietarios o constructores que atenten contra un patrimonio cultural que Santiago necesita preservar como parte de su historia. Diferentes sectores habían denunciado que por falta de una normativa la ciudad veía desaparecer casas y edificios de estilos victoriano o neoclásico. Ahora se elaborará  un manual para regular los proyectos relacionados con el casco histórico y se creará una ventanilla única que será coordinada por el Cabildo de Santiago y el Ministerio de Cultura. De la misma forma que Santiago, tan apegado a su orgullo y tradiciones,  cada comunidad debe ocuparse de rescatar y preservar esos símbolos  que forman parte de su identidad y de su historia. Es necesario.

Cuentas inactivas

 El Caribe informa en su edición del sábado que hasta el 31 de diciembre de 2010 había cuentas inactivas por 2,969 millones de pesos. Cuesta aceptar que con la escasez de circulante y en un país con tantas necesidades  haya más de 79,400 cuentas congeladas por una cantidad tan asombrosa de dinero. Los recursos pertenecen a empresas y ahorrantes, quienes, al parecer, no necesitan, no saben que lo tienen o no saben qué hacer con el dinero. Es posible que muchos de los propietarios  hayan fallecido y que los herederos no sepan de las cuentas ni cómo reclamarlas. Son de las muchas interrogantes que plantea el caso. Se trata de un dinero que se devalúa y que quizás cuando los propietarios decidan reclamarlo, al menos lo que saben que lo tienen, podría servirle para muy poco. La Superintendencia de Bancos debería explorar alguna fórmula para  que los propietarios o herederos sepan o reclamen los cuantiosos recursos. Pero, como está la cosa, cualquiera  no sale de su asombro.

El Nacional

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