Página Dos

RADAR

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De buenas a primeras el director de la Oficima Metropolitana de Servicios de Autobuses (Omsa), Ingnacio Ditrén, ha tratado de dar un nuevo giro a la crisis que ha admitido y que está a la vista de todos. Si el problema ha saltado a la palestra se debe, más que a ningún interés político ni a ninguna campaña para hacerlo saltar del cargo, al alarmante deterioro de las unidades. El funcionario no ha hecho más que enredarse y resbalar con el sorpresivo cambio de actitud que ha observado sobre la agonía de una entidad que él había atribuido a la falta de recursos. Por un lado se lamenta de que el presupuesto es el mismo de hace cinco años, que apenas alcanza para cubrir la nómina y comprar combustible, y por el otro atribuye a una campaña las críticas sobre el colapso del servicio. Ditrén apela a un recurso baladí al responsabilizar a la población del deterioro de las guaguas bajo el argumento de que les rompen los cristales cuando hay protestas por los apagones, la falta de agua o cualquier otro problema. En esos casos ha debido proceder judicialmente contra los responsables de la agresión al patrimonio público. Si Ditrén lo que pretende es ponerse a buen resguardo debió recurrir a una salida al menos más inteligente. Y transparente.

Tormenta evaporada

La forma en que se ha resuelto el escándalo de los supuestos espías capturados en Estados Unidos sólo confirma que donde quiera se cuecen habas. Washington no ha reparado en hacer el ridículo con el precedente que ha marcado al deportar a los 10 acusados, incluyendo una periodista peruana, de espiar para Rusia. De hecho, había causado suspicacia que el conflicto de los informantes no generara el menor roce en las relaciones de las dos grandes potencias. El desenlace ha aumentado las interrogantes a tal punto que hay quienes piensan que el escándalo no ha sido más que un montaje sabrá Dios con cuáles propósitos. De no mediar un arreglo de aposento, de esos que tanto abundan por aquí, cobra fuerza la posibilidad de que el caso fuera una gran mentira construida por Estados Unidos y Rusia. Bastó un arreglo en que los inculpados se declararon culpables no de espiar, sino de cargos menores, para que el caso quedara resuelto con la deportación de los implicados. Un relajo.

El Nacional

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