Con absoluta autoridad moral, los obispos Ramón Benito de la Rosa y Carpio, de Santiago, y Jesús María de Jesús Moya, emérito de San Francisco de Macorís, han reclamado del Gobierno no permitir que el colonialismo se entronice en la mina Pueblo Viejo, con la multinacional Barrick Gold, que rehúsa modificar el contrato de explotación de ese yacimiento de oro.
Esos prelados, de gran incidencia en la Iglesia católica, han exhortado a defender a capa y espada el patrimonio nacional, como lo hacen otras naciones latinoamericanas que también reclaman mayor participación en la explotación de sus recursos no renovables y respeto al medio ambiente.
De la Rosa y Carpio proclamó que que no nos venga un nuevo tipo de colonialismo a partir de las multinacionales y dijo que en la lucha contra la Barrick está también la defensa de la independencia nacional, mientras que monseñor De Jesús Moya dijo que no se debería permitir que esa multinacional se lleve el 97 por ciento de las ganancias obtenidas por la explotación de esa mina. En cierto modo, la Iglesia habló en términos muy claros como tiene que ser.

