En materia de iniciativas para servir a la comunidad a Luís Acosta Moreta hay que hacerle un reconocimiento. No importa el toque de espectacularidad de que en ocasiones las rodea para buscar más impacto en la población. El deseo de servir lo ha llevado a concebir programas tan importantes como Escuela en la calle, a través del cual la Dirección General de Desarrollo de la Comunidad (DGDC) contrata artesanos para instruir a jóvenes sobre sus oficios. Ese programa ha permitido que muchos muchachos se conviertan en plomeros, carpinteros, ebanistas, mecánicos y aprendan otros oficios para ganarse la vida. Pero también ha alejado a muchos de la delincuencia. Con los escasos recursos de que dispone también ejecuta el proyecto Embelleciendo el futuro, por medio del cual se involucra a la comunidad en labores de moral y cívica. Si más tuviera, más hiciera, dado la sensibilidad y vocación de servicio que ha demostrado. Convertir artesanos en maestros de muchachos sin recursos representa un valioso aporte en beneficio de la comunidad. Es posible que el servicio que presta la DGDC sea el único medio que tengan esos jóvenes para hacerse de un oficio sin mayores sacrificios. Gracias a Acosta Moreta.
Desacato inadmisible
Tras un plazo prudente para instalar balanzas en las envasadoras de gas, es inadmisible la violación de la norma en que han incurrido dueños de establecimientos. El Instituto Nacional de los Derechos del Consumidor (Proconsumidor) no puede permitir que los establecimientos se salgan con las suyas. Algunos que no hicieron el menor caso a la disposición de Proconsumidor alegan, con ironía hiriente, que son los consumidores los que no piden que les pesen el carburante. Tampoco se puede aceptar las prórroga que otros han solicitado, a menos que haya fundamento, para instalar las balanzas. Parte del desorden institucional se debe precisamente a la falta de aplicación de leyes y normas sobre la base del favoritismo político, tráfico de influencia y otras prácticas a la que, por suerte, no se ha prestado Proconsumidor. Muchas envasadoras no instalaron las balanzas porque no quisieron, pensando tal vez que podían resolver por la izquierda.

