Página Dos

RADAR

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Los entresijos de la tragedia en que murieron tres miembros de una familia en el sector El Libertador, Herrera, plantean muchas interrogantes sobre la integridad de un núcleo que es básico para la convivencia social. Las razones que se citan por las que Vangelio Guzmán, de 62 años, mató a su esposa Felícita Pérez Vásquez, de 61, y al hijo de ambos, Willington Guzmán Pérez, de 32, y se suicidó, no pueden ser más repugnantes. Guzmán había violado y embarazado a su hijastra Elsa Pérez, a quien el día de la tragedia también hirió de un disparo que la mantiene ingresada en un centro médico. La orden de alejamiento de la familia que tenía no le impidió entrar a la casa y provocar, según testigos, la trifulca que terminó con el baño de sangre. Son muchos los sucesos que desde hace tiempo alertan sobre la crisis moral y material que sacude a la familia. La tragedia ocurrida en Herrera es otro eslabón de una larga cadena, pero con la suficiente estridencia como para que se tome sobre la desintegración que corroe a la familia y, por tanto a la sociedad. Los casos forman parte, por supuesto, de la encrespada criminalidad y violencia que ha mantenido en ascuas a la población. La tragedia no es únicamente para lamentarse. Es también para actuar.

Realidad a la vista

Que el ministro de la Presidencia que garantice que la zarandeada Ley de Partidos Políticos será una realidad sugiere que la legislación ha sido bloqueada por el Gobierno. No tiene otra lectura la afirmación de César Pina Toribio. De no ser así, la garantía la hubiera dado el Congreso, a través de uno de los presidentes de las cámaras o de los voceros del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). La verdad es que la ley, que según Pina Toribio será sancionada tan pronto se inicie la próxima legislatura, no ha gozado del apoyo de los peledeístas, quienes han ignorado todos los reclamos.  Parece que se esperaba que concluyeran las elecciones  para impulsar una ley, que, de acuerdo con el funcionario, ahora es cuando el país está en condiciones de asimilar. El proyecto hubiera evitado muchos traumas y cuestionamientos al sistema democrático de haberse aprobado antes de los últimos procesos. Pero no había la voluntad política que ahora se reivindica.

El Nacional

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