Establecer responsabilidades sobre una evasión millonaria para la que se utilizarían depósitos de la Dirección General de Aduanas en Santiago, constituye un soberano desafío para la entidad. De no aclararse la operación, que se relaciona con un cargamento de armas y de dólares incautado en Santiago y Cotuí, las autoridades tendrían muy poca calidad moral para perseguir el delito. El desafío es mayor habida cuenta de que en la evasión y trasiego se ha implicado a familiares de altos dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en Santiago. Se presta a conjeturas que tres depósitos de Aduanas fueran utilizados para ocultar mercancías. El director de Aduanas, Rafael Camilo, ha exhibido encomiables muestras de responsabilidad, pero el ingrediente político constituye una prueba de fuego para su gestión. Puede que la operación por la que se dijo han sido suspendidos oficiales y agentes de colecturías sea mayor de lo que ha trascendido. Además del escándalo de las armas y los dólares se habla de que en las oficinas se subvaluaban materias primas, vehículos de lujo, electrodomésticos y otras mercancías. Camilo tendrá que emplearse a fondo para evitar que sobre el escándalo pueda quedar un pelo en el aire.
Sentido humano
Los presos españoles han dado un valioso ejemplo de sensibilidad humana con los recursos que han recaudado en diferentes actividades para ayudar a los damnificados por el terremoto en Haití. A través de representaciones teatrales, venta de artesanías y encuentros deportivos los reclusos han recaudado nada menos que 92,521 dólares para las víctimas de la tragedia haitiana. Tras los primeros días del sismo los reclusos se integraron a una campaña denominada Desde dentro, por Haití, patrocinada por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, con el propósito de recaudar fondos para los haitianos. El ejemplo de los reclusos expone la calidad del sistema penitenciario español. Las cárceles no son antros, sino centros de formación y rehabilitación. Ya en 2005, a raíz del tsunami que devastó el sudeste asiático, los reclusos enseñaron que la privación de la libertad no es óbice para ayudar a víctimas de desgracias o a personas que lo necesiten.
