El secretario de Agricultura, agrónomo Salvador Jiménez, ha encontrado lo que parece una fructífera estrategia para conjurar el conflicto con la sobreproducción de cebollas roja.
Es lo que se deduce de los permisos de importación para enfrentar eventuales déficits que garantizó a los comerciantes que adquieran los excedentes de la actual cosecha. La iniciativa es atractiva, inteligente y justa habida cuenta de que elimina privilegios como el tráfico de influencia. Pero también permite a los cosecheros, que suelen ser las principales víctimas de las importaciones, tener un control más estricto sobre las condiciones del mercado. La estrategia del secretario de Agricultura representa una salida, digna de aprovecharse al máximo, tanto para los cosecheros como para el comercio. Agricultores de San Juan y otras comunidades se han quejado de las terribles consecuencias que puede tener la falta de mercado para colocar los excedentes en la producción del bulbo.
Dignos de ayuda
La niña que perdió las dos piernas en un accidente de tránsito y el pensionado de la Corporación de Electricidad que puso en garantía su vehículo para costear una enfermedad de su esposa merecen la ayuda que han clamado.
Leidys Martínez, de 12 años y residente en Pedernales, ha tenido que interrumpir sus estudios por las dificultades económicas de su madre Milqueya Turbí. La muchacha perdió las piernas cuando tenía dos años en un accidente en Barahona en que murió una hermanita suya.
Con otros dos hijos a la madre Leidys no le ha quedado más camino que recurrir a la caridad pública. Tratándose de un caso tan triste, la familia debe encontrar esa ayuda que tanto necesita.
Otro que también es digno de auxilio es Manuel de Jesús Columna Reynoso, un pensionado de la CDEEE que tuvo que hipotecar su vehículo y ahora está a punto de perderlo para costear una enfermedad de su esposa Narcisa María Florentino.
Pese a que perdió una pierna, Columna Reynoso se las arreglaba para conseguir el sustento de su familia. Pero la enfermedad de su esposa le ha impedido honrar el préstamo hipotecario por 50 mil pesos que hizo en noviembre de 2008.
Lo único que pide es que lo ayuden de la forma que sea a evitar que le ejecuten la garantía con la promesa de que tan pronto su esposa se recupere pagará hasta el último centavo.
Ese hombre es digno de ayudar.

