Como era de esperar, se hablará mucho de Pengsien Rafael por estos días en que se le ocurrió al Universo, ubicarlo en un plano de privilegio, ese que solo es para algunas personas necesarias allí por su gran entendimiento de la humanidad y sobre todo, por pasar por esta vida aportando desde el ejemplo y las acciones, para la valoración de las relaciones humanas.
A lo mucho que se dirá de nuestro querido amigo, hay que agregar que era feminista y no solo aspiraba al reconocimiento de la autonomía, libertad, fuerza y valor propio de las mujeres, sino que con sus acciones promovía ese respeto y defendía la larga lucha de las mujeres por sus derechos.
Como Platón, que en algunas de sus reflexiones mencionó que “la mujer debe tener presencia en el Estado tanto como el hombre”, en un tiempo en que eso era impensable. O como Pullain de Barré, uno de los primeros hombres feministas, y su hipótesis en 1673, de que «el trato desigual hacia las mujeres no tenía fundamento natural, pues procedía del prejuicio social», y que «a la mujer se le ha quitado todo, por lo que a la mujer, hay que darle todo». O como el ilustrado Marqué de Condorcet, que en la Revolución Francesa, alegaba: «las mujeres tienen un derecho natural del cual se las está privando y no se rebelan contra tal injusticia porque la práctica social imperante les impide tomar conciencia de ella. El hábito ha familiarizado la violación de un derecho. La subordinación femenina ha sido naturalizada».
O como el pensador británico John Stuart Mill que habló, acompañó y escribió acerca de la equidad de derechos entre hombres y mujeres, y en su libro “El sometimiento de la mujer”, apoyó el derecho el voto de las británicas de la época. O como el dramaturgo noruego Henrik Johan Ibsen, considerando que «la sociedad era masculina, y hasta que no entrara en ella la mujer no podría ser humana». O también, como el filósofo, pedagogo y psicólogo estadounidense John Dewey, quien se atrevió a contradecir a Freud, impulsando la equidad de género en el ámbito educativo defendiendo públicamente el derecho de las mujeres a estudiar en universidades mixtas. Pengsien los conjugó a todos, llegando a conformar los primeros esfuerzos locales por un nueva masculinidad dominicana, a apoyar absolutamente todas las actividades de los movimientos de mujeres y hasta el esfuerzo de inventar un español inclusivo, que muchas recordamos, con tanto cariño.
Todas estamos orgullosas de ti y te extrañamos mucho! Hasta pronto hermano querido!

