Todo lo que tenía que decir, ya lo ha dicho infinidades de veces. Lo que pasa es que en el momento en que lo decía las autoridades, que ahora lo interpelan para que detalle su programa de Gobierno, no le daban importancia. Los socialistas se negaban a admitir la crisis que se cernía sobre la economía española y cuando vinieron a hacerlo ya era demasiado tarde. Les pasó como a todo el que se duerme en sus laureles, que despierta con una pesadilla. Mariano Rajoy, el virtual presidente electo de España, no tenía más que responder con un ¡se lo dije!, pero como estaban tan embriagados de poder no hicieron caso. Los cinco millones de desempleados y la incertidumbre que abruma a los españoles constituyen un lastre muy pesado para los socialistas retener el poder. El líder del Partido Popular no tiene que abrir la boca, sino esperar que llegue el día para revalidar su victoria en las urnas. No es cuestión de equipo económico ni ideas claras, pues no ha sido su discurso el que lo ha catapultado, sino el mejor aliado que tienen los candidatos opositores para alcanzar el poder: las coyunturas. Estar en el lugar indicado en el momento indicado es lo que ha necesitado para convertirse en virtual presidente electo. Por más que se pueda valorar la apertura y las reformas de los socialistas para ampliar el marco de las libertades y los derechos, el desempleo y las duras condiciones de vida de los españoles se las ponen bastante difícil a su buen candidato Alfredo Pérez Rubalcaba. Y más cuando ha sido uno de los funcionarios más relevantes en los ocho años de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Las medidas que ahora plantea para superar la crisis bien pudo impulsarlas desde el poder. La inteligencia está en la capacidad en mirar más allá del horizonte para prevenir las tormentas. O en prepararse para enfrentarlas con medidas eficaces. Con todos esos factores, Rajoy realmente va en coche. No tiene que abrir la boca para nada.
