Opinión

RD y el Parlacen

RD y el Parlacen

 Tras 15 años de espera, la República Dominicana, en la persona del señor Manuel de Jesús Pichardo (Manolo), acaba de asumir la presidencia del Parlamento Centroamericano (Parlacen), un organismo cuya razón de ser y capacidad para resolver o mediar en conflictos regionales está seriamente cuestionada.

Sus críticos aseguran que tampoco ha cumplido con la función integracionista de Centroamérica que le encomendó el Acuerdo de Esquipulas II, hijo a su vez del famoso Grupo Contadora, creado en los años 80 para resolver las guerras civiles de El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Curiosamente, su sede, desde su fundación en 1987 y primera sesión en 1991, se encuentra en Guatemala, una nación afectada aún por graves desigualdades y donde se producen muchos asesinatos políticos y sociales y donde las políticas de Estado son tenidas como inexistentes.

A pesar de las continuas invitaciones y gestiones de países miembros, México, de gran trascendencia en los órdenes político y económico, se ha negado a convertirse en miembro de pleno derecho y prefiere mantenerse como país observador. Lo mismo Costa Rica, que siendo centroamericano, se ha negado rotundamente a pertenecer al Parlacen.

Las razones que esgrimen los ticas, aunque no tienen la contundencia y virulencia de las críticas del presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, son de que ese organismo no cumple con su rol.

Martinelli, en franco desafío a la decisión de la Corte Centroamericana de Justicia que le ordena que se abstenga de tomar decisiones unilaterales que afecten los principios y propósitos del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y de las presiones y advertencias del Parlamento Europeo, considera el Parlacen como “refugio de perdedores” y de políticos que amparándose en pasaportes diplomáticos se dedican a las francachelas y bebentinas.

De paso, ha anunciado el retiro formal de su país porque considera que Panamá no debe erogar dinero para mantener a quienes él llama vagos. Por eso él no avaló la juramentación del ex presidente de su país Martín Torrijos como miembro del Parlacen.

En nuestro país, el Parlacen ha servido como “premio de consolación” para dirigentes políticos que no figuraron en las boletas de sus organizaciones o que no ganaron las posiciones a las que optaron.

También ha servido como instrumento político de gobiernos de turno y para atizar contradicciones a lo interno de los partidos políticos de oposición, que se desgarran en luchas fratricidas para alcanzar un escaño.

Lo ideal sería que nuestro país imite a Panamá, Costa Rica o México. En caso contrario, que el flamante presidente para el periodo 2011-2012 por lo menos logre adecentar a un organismo regional seriamente cuestionado. Sólo así se justificaría nuestra presencia allí.

El Nacional

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