Todo se consumó como estaba previsto, Ramón Rodríguez ganó las elecciones de la Asociación de Baloncesto del Distrito Nacional, Abadina, con una votación de 20 contra 10 de su rival el ingeniero Frank Herasme.
Hasta el último momento pensé que el ex presidente de la Federación Dominicana de Baloncesto, Fedombal, se retiraría de la contienda a sabiendas de que no tenía ninguna posibilidad de ganar, sin embargo, al presentarme al salón de elecciones en el local de Abadina no sólo me encontré con que Herasme estaba presente, sino que motivó su candidatura con una seguridad propia de ganadores.
En una entrega anterior sostuve que él tenía mucho que perder y nada que ganar involucrándose en este proceso, tomando en consideración que por casi 12 años fue el principal ejecutivo de esa disciplina en el país, que no tenía lógica que ahora buscara presidir una asociación.
Cómo puede ser posible que un dirigente de la experiencia de Herasme se permita ir a una humillación, y por ende, a su sepultura como dirigente deportivo porque en lo adelante no puede ser referente de nada quien no es capaz de tomar a tiempo una decisión inteligente.
Peor aún, Frank justifica su participación y trata de forma inútil de disimular su amargura por perder unos comicios de una persona como Rodríguez, que hace cuatro meses le prometió reivindicarlo para luego entusiasmarse azuzado por un grupo minúsculo de clubes que le vendieron y lo pusieron a vender sueños en momentos que ya todo el mundo tiene los ojos bastante abiertos.
La desesperación llegó
a extremos en este proceso y con diversos disfraz, ofertas económicas, de puestos en la plancha hasta llegar
a presiones a dirigente de clubes y al presidente de Fedombal, Rafael Uribe, quien
ha tenido que soportar ataques implacables dirigidos por medios de comunicación por su posición vertical e imparcial.
Herasme, por su tozudez, a partir del pasado jueves dejó de ser si quiera un referente de consulta en el proceso de adecuación y avance que vive el baloncesto a nivel nacional, se arriesgó a perder en unas elecciones que no tenía nada que buscar lo único que le quedaba.
Debo admitir que he llegado a pensar que a lo mejor el vacío de poder parece afectarle a Frank, y se haya entusiasmado con la idea
de a través de la Abadina ver si existían algunas posibilidades, aunque fueran remotas, de volver por la Fedombal y la realidad y sus malos cálculos le dieron contundentemente en el rostro.

