La implementación de un sorteo de jugadores al término de la serie regular de parte de la Liga Dominicana de Béisbol, en primera instancia, cayó bien y tuvo muy buenos resultados.
Los equipos que avanzaron se reforzaron con los peloteros disponibles de los descalificados y el objetivo se cumplió, hubo mayor equilibrio en la competencia porque las debilidades se disminuían con la inyección de los nuevos refuerzos.
Pero, y ahí el bendito pero, como reza la manoseada frase, la alegría en casa de pobre dura poco, en la presente estación, descalificado el conjunto de los Tigres del Licey, y luego de las selecciones, se produjo una controversia que podría tener repercusiones negativas para el torneo en un futuro no muy lejano.
El escándalo vino cuando las Águilas Cibaeñas, archirivales del Licey, seleccionaron al lanzador Esmil Rogers y al veterano intermedista Anderson Hernández. Rogers fue parado por los Azulejos de Toronto y Hernández, quien llegó a practicar con el uniforme del equipo del Cibao, sorprendió con un comunicado argumentando razones para no participar.
La reacción de la directiva aguilucha no se hizo esperar y Luichy Sánchez, accionista y comentarista del equipo, llegó a catalogar en su cuenta de Twitter de sospechosas esas decisiones y plantearían a la liga no colocar jugadores del Licey en los próximos sorteos.
Este lío era de esperarse, porque en una competencia que alimenta constantemente una rivalidad enfermiza entre la fanaticada, que crea y estimula a sus ídolos, nunca va a asimilar que al término de la serie regular verlo con otro uniforme, como ocurrió con Hernández, que recibió la presión de los seguidores del Licey, muchos de forma muy agresiva.
Los liceístas no soportarían que Anderson, uno de sus héroes de la última década, contribuya a los éxitos de las Águilas y los aguiluchos siempre estarían sospechosos de cualquier error costoso que cometa el jugador en perjuicio de su causa.
Es verdad que son profesionales y que ese es su trabajo pero en este nivel del fanatismo nada de eso se entiende, y podría resultar sumamente peligroso de continuar como hasta ahora.
Hay jugadores Marca-equipo que nunca deben ser sorteados; los de menos jerarquía y los importados si, pero jugadores como Anderson, Hanley Ramírez y Erick Aybar, banderas del Licey, o Miguel Tejada, Héctor Luna y T.J. Peña, banderas de las Águilas, nunca porque el parroquiano nunca lo va a asimilar.
La lección debe ser aprendida.

