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Rectas duras y pegadas

Rectas duras y pegadas

Hace apenas dos semanas que me referí a nuestra benemérita Asociación de Cronistas Deportivos de Santo Domingo, ACD, y al rol que está llamado a desempeñar la nueva generación dentro de la organización en el futuro no muy lejano.

Reitero que los jóvenes cronistas que hoy tienen el privilegio de pertenecer a la ACD, están en el deber de asumir con responsabilidad su membresía y aportar su “granito de arena” para fortalecerla y convertirse en garantes de su permanencia en el tiempo.

Sin embargo, la motivación de esta entrega, y lo que me causa inquietud, es la actitud que asumen miembros de la entidad que llega al punto de tornarse incomprensible.

Creo que el derecho se gana cumpliendo con los deberes, traducido a nuestra ACD entiendo que para criticar y exigir hay que cumplir con una militancia activa en el seno de la institución.

¿Cómo puede ser posible y en qué cabeza cabe que alguien quiera aspirar a presidir la ACD si no asiste a tus actividades cotidianas, a sus actos oficiales y si no cumple si quiera con el pago de la cuota?

Con qué cara, entiendo que hay que tenerla bien dura, puede un individuo que no es capaz de ir a un acto de la semana aniversario o al Atleta del Año acercársele a un compañero para hablarle de aspiraciones.

Nuestra benemérita institución no solo debe ser útil o valiosa para participar en la fiesta de diciembre por las rifas o para cabildear un galardón en la premiación anual Cronista del Año, que dicho sea de paso es buena si me premian y si no, no sirve.

Como actual directivo que soy, a mucha honra, veo con mucha pena y lamento la apatía de muchos de los miembros que no son capaces de asistir a las asambleas ordinarias y extraordinarias, pero son los primeros que critican las decisiones que de ellas emanan, a las actividades de capacitación como el Diplomado de Periodismo que actualmente se desarrolla en el Colegio de Periodistas, hasta presentarse a depositar un voto se les hace difícil, porque su mayor aporte es criticarlo todo.

Si usted no participa en ninguna de las actividades de la institución y solamente acude al local de las Atarazanas una vez al año para pagar la cuota con el objetivo de ganarse un premio en una rifa, no tiene calidad moral para cuestionar las ejecutorias del Comité Ejecutivo y menos para presentarse ante una membresía como aspirante porque no tendrá credibilidad.

El Nacional

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