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Rectas duras y pegadas

Rectas duras y pegadas

Debo admitir que tengo conocimiento de las deplorables condiciones en que se encuentra el bajo techo del club deportivo y cultural San Lázaro, porque en mi periplo diario hacia las oficinas del Asociación de Cronistas Deportivos de Santo Domingo, ACD, transito por la calle Juan Isidro Pérez.

No me escandalizó, aunque si llamó poderosamente mi atención, ver las condiciones en que se encuentra la instalación de uno de los clubes emblemáticos del país porque pensé que estaba en proceso de remodelación dentro del ambicioso programa que asumió el gobierno.

Pero no era así… que vergüenza sentí y un sentimiento de indignación al conocer el triste y vacío argumento que dio la dirigencia lazareña actual,  de que tuvieron que vender el aluzinc del techado y el tabloncillo para pagar deudas.

Pero fueron más lejos, se atrevieron a decir que para cometer ese hecho contaron con la anuencia del ingeniero Luis Sifres, de la Oficina Fiscalizadora de Obras del Estado, quien responsablemente desmintió la especie poniendo en evidencia un acto irresponsable que amerita de una clara y convincente explicación.

¿Cómo puede ser posible que una organización como San Lázaro, con gran la trayectoria y aportes en el movimiento clubístico nacional, caiga en tan vergonzante situación calamitosa?

Muchas cosas se pueden esgrimir, pero yo prefiero resaltar el vacío de liderazgo y pobreza de la calidad de quienes ahora se hacen llamar dirigentes del club ubicado en el sector de Jobo Bonito, quienes ponen a la intemperie sus incapacidades, falta de sacrificio y de amor por el club para mantener vivo el legado de tantos hombres y mujeres que hicieron posible la existencia y permanencia de esa entidad.

Una organización  que presente una planta física en ese estado no tiene derecho a participar en un torneo superior solamente motivada por el dinero que genera el certamen, porque es una burla y falta de respeto a los demás atletas de las categorías menores y de otras disciplinas que están imposibilitados de utilizar su cancha.

San Lázaro no es una ruina como se muestra hoy, es un pedazo de historia, de personas que dieron lo mejor de su juventud para forjar un instrumento al servicio de los mejores intereses de la nación.

San Lázaro es un pedazo de Félix Aguasanta, Leandro de la Cruz, Alejandro Tejeda, Frank Kranwinkel,  Orlando Félix, Chico Pérez, Monchín Pinedo, Cholo Suero, José Oscar Fernández, Bobolé Rodríguez y de un grupo de atletas forjados bajo sus sabias orientaciones.

Ese legado no se merece tan triste realidad.

El Nacional

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