La joven atleta de gimnasia Yamilet Peña, con su clasificación para disputar la final de salto del caballo en Gimnasia Artística este domingo, deja un gran enseñanza para las autoridades deportivas nacionales.
La talentosa jovencita de apenas 19 años clasificó al terminar con la quinta mejor puntuación, 14, 699.
Y pensar que tanto la Federación Dominicana de Gimnasia como sus entrenadores estuvieron clamando apoyo para la preparación de este portento, que por las reglamentaciones salariales del programa Parni para atletas de Alto Rendimientos, recibe mensualmente la irrisoria suma de RD$3,000,00.
Su optimismo, su inmenso talento y el deseo de ser grande la hace luchar e imponerse a la adversidad, y colocar al país en la élite de un deporte que tradicionalmente es dominado por atletas de tez blanca.
Su arma principal para sorprender y buscar uno de los tres puestos en el podium es el salto triple, la única que actualmente lo ejecuta en el mundo, y la concentración que le evitará que los nervios la traicionen.
¡Ah la vida!, como diría el colega y amigo Rolando Guante miren ahora las esperanzas de la delegación dominicana en los hombros de quién está, mientras que atletas de la talla de Yudelkis Contreras, en quien se tenían grandes esperanzas para obtener una presea y que contó con el apoyo total del Comité Olímpico para su preparación, está fuera de competencia por un error de estrategia de sus entrenadores.
Este caso que cito demuestra que una cosa es con guitarra y otra con violín, que no se debe discriminar a ningún atleta porque en el escenario es que se sabe quién es quién, que la equidad en la distribución de los recursos a las Federaciones Deportivas Nacionales debe primar, y los resultados, la justificación del monto a distribuir.
Porque siendo honesto, y duélale a quien le duela, esta joya de atleta de una disciplina no tradicional como es la gimnasia, es mucho más merecedora de mayor apoyo de recursos que otras tan tradicionales como el béisbol, nuestro deporte Rey, sin entrar en detalles.
Al final del camino, al retorno de Londres, la autocrítica debe venir.
Mientras Chiqui, como llaman a Yamilet sus más íntimos, confía en retornar al país con una anhelada medalla para así reivindicar a los deteriorados útiles viejos y colchonetas en precarias condiciones que le han servido de cómplice en su preparación en el pabellón de la disciplina ubicados en el Parque del Este.

