Es inevitable al hablar de Simón Bolívar plantearnos de inmediato el “problema’ venezolano”, el cual parece desatar pasiones, en particular en las clases medias latinoamericana y caribeña.
Nadie niega los señalados errores del Chavismo, que son fundamentalmente gerenciales. Todos criticamos el que se sacrificara su autonomía productiva en función de grandiosos esquemas, como criticamos a otros países con ideologías similares. También hemos criticado el que nunca se haya puesto atención a los predicamentos de Antonio Gramsci, el más lúcido pensador marxista del mundo en lo que me concierne.
El advertía que el énfasis en la educación de los gobiernos de cambio, particularmente la alfabetización y expansión de la educación a las grandes masas, podía generar una crisis de desempleo si no se avalaba con un mismo énfasis en el desarrollo del aparato productivo y su capacidad de empleos.
¿Por qué reflexionar sobre estos temas? Porque en la discusión sobre Venezuela lo que ha dominado es el sentimiento anti Maduro o anti-Chávez, no la ponderación de lo que implicaría para el continente que los actuales designios del gobierno republicano se implementen en el hermano país.
Veamos: Nancy Pelosi, Demócrata, es la presidenta de la cámara de Representantes, o Diputados, de los Estados Unidos y la segunda en la línea de sucesión presidencial de USA, después del vicepresidente. Es la única mujer en haber ocupado la presidencia del Congreso y la mujer electa de mayor rango de los Estados Unidos.
Es famosa por haber sido la principal opositora de la guerra a Irak, y del intento de Bush de privatizar el Seguro Social en el 2005. También por haber jugado un papel fundamental en la aprobación de la Ley de Cuidado de Salud Asequible, y de la Ley de Alivio Tributario con la que Obama logro sacar a Estados Unidos de una gran recesión.
También por oponerse, de manera fiera, a la construcción de un muro contra México que costaría 6 billones de dólares.
Empero, frente a los desafueros de Trump, (y aclaro que lo prefiero porque no es hipócrita y ya con Nixon tuvimos suficiente) quizás el presidente, después de Teodoro Roosevelt, mas detestado en la historia de la humanidad; y frente al hecho de que Hillary le ganó las elecciones populares con tres millones de votos, a ningún país del mundo se le ha ocurrido elegir y reconocer a Pelosi como presidenta de los Estados Unidos, ni lanzarse a una campana mundial para recabar el apoyo de Europa y otros países para su gestión.
Es eso lo que Almugre, como lo bautizaron en su país, no parece entender, ni tampoco Pence, quien parece ignorar aquello de amar a tu prójimo como a ti mismo.

