La revisión del Código de Trabajo que actualmente se viene negociando entre el gobierno, empleadores y sindicalistas no va a tener mucho sentido sin una revisión integral de todos los problemas que afectan al mercado laboral dominicano, los cuales no están limitados a lo que establezca o deje de establecer ese código.
El mayor problema, por mucho, es la informalidad del trabajo, que en nuestro país alcanza a casi el 60% de los trabajadores. Hay muchos factores que inciden en esto, desde la estructura impositiva, el costo de la seguridad social y sí, muchos de los “derechos adquiridos” que están presentes en nuestro Código de Trabajo.
No está claro a los ojos de la opinión pública el objetivo del intento de reforma del código laboral y esto permite a los sectores interesados (empleadores y sindicalistas) pintar la imagen de lo que se desea lograr conforme a sus propios intereses. Un buen ejemplo de ello es el actual drama sobre la cesantía.
La cesantía existe con la intención de proteger a los trabajadores de los efectos económicos que resultan de la pérdida de un empleo. En nuestro país el costo de la cesantía recae enteramente sobre los empleadores como una contingencia que si no es correctamente abordada se les puede salir de las manos y costarles la empresa. Ese costo necesariamente impacta en el apetito de cualquier empleador a contratar más personal.
La reforma del Código Laboral está atada al pacto fiscal, porque el problema está en la economía
Un debate centrado en el Código de Trabajo aporta soluciones muy limitadas al problema de la cesantía. Eliminarla por completo para dejarlo todo a un seguro de desempleo no es una solución viable, tampoco mantenerla como está, o peor, aumentarla, será útil si la intención es mejorar las protecciones para el 60% de los empleados de nuestra economía.
Pero un sistema combinado de una cesantía limitada, fondos de cesantía cuyos aportes puedan ser deducidos del ISR, un seguro de desempleo, entre otras medidas extendidas a lo largo de toda la legislación económica dominicana pueden ofrecer alternativas efectivas y positivas para todos los sectores involucrados.
Debido a lo anterior entiendo que no es recomendable realizar la modificación del Código de Trabajo de forma aislada, ya que los problemas que este debe enfrentar en estos tiempos no están atados únicamente al código. La reforma a esa norma debe venir de la mano de los resultados del Pacto Fiscal, porque el problema no está en el código sino en la economía, y el escenario propicio para discutir y evaluar ese problema será en la negociación que definirá nuestro rumbo económico en el mediano plazo. De lo contrario se estará trabajando en una modificación que inevitablemente tendrá que sujetarse a su propia modificación.

