Reformar el capitalismo es producir variaciones en su funcionamiento, en sus políticas económicas y sociales, en su constitución y sus leyes, en sus instituciones y en su sistema político.
En la tradición marxista la lucha por las reformas es igual a la lucha por mayores espacios democráticos, más libertades, más reivindicaciones económicas, más conquistas sociales mejor distribución de las riquezas. Los cambios de modelos económico y en el orden jurídico-político también se inscriben dentro de la lucha por reformas al interior del sistema capitalista. ¿De cuáles reformas hablamos?
Hay que precisar si se trata de las contrarreformas neoliberales o de las que favorecen a las clases y sectores explotados. Si de las reformas progresivas, social y políticamente avanzadas, redistribuidoras de ingresos, propiedades y espacios de poder; o si de las reformas concentradoras.
Cuando los marxistas nos declaramos partidarios de las reformas y luchamos por ellas, nos referimos concretamente a aquéllas que favorecen intereses, valores, derechos, libertades e ingresos de los(as) trabajadores(as) y los pueblos. Nos referimos a las reformas progresivas.
¿Pero acaso es lo mismo ser partidarios de esas reformas y ser reformista?
De ninguna manera.
¿Qué diferencia hay, entonces, entre políticos revolucionarios y políticos reformistas?
Los reformistas no rebasan los límites del sistema, se quedan en las luchas por la democratización y por las mejoras sociales, económicas y culturales dentro del sistema capitalista. Se reducen a reformar el capitalismo, a mejorarlo, a hacerlo más virtuosos o menos brutal.
Los(as) revolucionarios no se limitan a combatir por reivindicaciones y reformas más o menos avanzadas, a conquistar espacios democráticos, a luchar por mejores condiciones de vida para los pueblos asumen esas luchas, cuando las circunstancias las favorecen, pero sin limitarse a ellas, procurando crear en esos combates la conciencia y la organización que posibiliten hacer revoluciones, producir las rupturas necesarias y abrir las compuertas de las transiciones revolucionarias, de la revolución popular y democrática de orientación socialista. Para estos últimos, las reformas son un medio, no un fin. El fin es la revolución.
Para los primeros(as) son su razón de ser. Creen en la evolución, no en la revolución.

