Virtuosa hija de las fértiles tierras de Neiba y San Cristóbal, timbre de una prestigiosa familia, acaba de marcharse a la eternidad, Doña Regina Matos Herasme, viuda Uribe Silva.
De una atractiva y fieme personalidad, contrajo matrimonio con una de las figuras más relevantes de los últimos años en la cuna de la Constitución y del sur glorioso, el doctor Adriano Artagnán Uribe Silva.
Esta respetable dama desarrolló su vida y quehaceres en San Cristóbal, adquiriendo pública notoriedad, respeto, simpatías, admiración suprema, conquistando el cariño y reconocimiento del pueblo y la ciudadanía, porque sembró y cultivó rosales, como los vergeles que cuidaba y roseaba aguas que adornaban la residencia donde vivía junto a sus seres idolatrados.
De la unión nupcial nacieron ejemplares ciudadanos con un historial de estudios y profesionalidad digno de elogios, el doctor Adriano Uribe hijo, (Adrianito), el ingeniero Néstor (Fifí), y las licenciadas Ercilia, Leda y Miriam, sublimes razones, amor de sus amores. Igual lo fueron para su progenitor.
Doña Regina ocupó un lugar de preeminencia en la sociedad de San Cristóbal, donde fue admirada, mimada, por sus dotes y estatura moral, y por dedicarse a la honrosa tarea de tender sus manos al desvalido, ayuda y protección a miles y miles de personas de diferente nivel social necesitados, que frecuentemente acudían a su vivienda, donde ella se encontraba, y su preocupación por el progreso y su grandeza de San Cristóbal y su entrañable Nayba.
Muy firme en sus convicciones, diáfana en sus concepciones sobre la vida y los pormenores humanos, una suprema inteligencia y dosis de ternura, aunque muchas veces rígida frente a situaciones negativas y perjudiciales, porque no aceptaba la deslealtad, la mentira, ni la desfachatez.
La vida de esta ilustre dama fue el trabajo enaltecedor, la plena dedicación a sus hijos y al hogar, cual mensajera de amor, y una de las consejeras más pródigas en favor de la juventud y también de adultos, pues vivió para educar y servir a los demás, luchadora por la paz y el equilibrio social de la familia.
Recibió permanentemente el ardoroso amor, la compañía y el cariño de sus adorados hijos en acción inconmensurables, quienes lucharon con fervor hasta el último instante de su partida, así la gran Leda se aisló de los placeres y de todo en sublimidad filial, junto a sus queridísimos hermanos del alma.
Tuve la honra de gozar de la amistad, cariño y sinceridad de esta señora gloriosa, con quien aprendí muchas cosas y adeudo gratitud a su memoria y sanos consejos prodigados.
!Adios, Regina, adios!
Tu muerte enlutece a Neyba, San Cristobal y a cuantos te conocieron.
Fuiste noble, vertical, amorosa, sensible al dolor ajeno, mitigaste muchas penas, ofreciste de comer y vestir al hambriento, y regaste semilla honrosa en el tránsito de tu existencia!
Adiós, y ya no volveré a verte sentada, tierna y risueña en el sillón y balcón de tu vivienda, junto a los centinelas de tu vida, Adrianito, Fifí, Leda, Miriam y Ercilia.
!Adiós mi amiga del Corazón ! Duerme en Paz cercana a la morada celestial de Jesús, Divino Redentor.

