Los argumentos del Ministerio de Industria y Comercio para reajustar los precios de los carburantes nunca han terminado de convencer. Porque en las decisiones han primado más los intereses coyunturales que la propia realidad del mercado.
De ahí que sean muchos los que piensen que las últimas alzas en los precios de los carburantes están más relacionados con ese rejuego que con la ley que regula el comercio. Si alzas como las de esta semana, en que la gasolina premium subió 2.90 centavos y la regular 2.50, están determinadas por la legislación, se trata de una buena señal.
Es lo que debe primar tanto para consolidar el principio institucional como para evitar problemas en la macroeconomía.
Sería pernicioso que la medida fuera coyuntural, ya sea para enviar una señal a los representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI) o para compensar el gasto en que se incurrió durante las elecciones. Hayque despejar dudas que rodean decisiones.
