Como ha sido tradición, las autoridades eclesiásticas se oponen a la educación con equidad de género en las escuelas. Concomitantemente nuestros diputados aprueban una ley para imponer la lectura obligatoria de la biblia en los centros educativos. Ambos acontecimientos son promovidos en las redes sociales por políticos oportunistas, religiosos y gente ultraconservadora.
Bajo el “cuco” de la llamada “Ideología de género” las iglesias pretenden seguir negando que los hombres y las mujeres tenemos las mismas capacidades y los mismos deberes y derechos. Dentro de las iglesias Abrahámicas, son los hombres los que pueden servir como intermediaros de Dios, son los que mandan, las mujeres solo obedecen. Así ha sido por siglos y no están dispuestos a ceder ese dominio patriarcal.
Es falso decir que se trata de una trama internacional, propiciada por organismos internacionales para imponer la agenda LGBTI. Aunque ciertamente se trama, pero no desde la ONU, sino conducida y propiciada por sectores retrogrados dentro del Vaticano. Desgraciadamente mantenemos un ‘Concordato”; vergonzoso acuerdo firmado con Trujillo, para imponer la religión católica, y beneficiarse de concesiones especiales que incluyen nombramientos y exoneración de impuestos.
Tomando sus propias palabras “Imponer la religión en las escuelas es contraria a la constitución en su artículo 63, que establece que es prerrogativa exclusiva de las familias y de los padres el definir el tipo de educación que quieren para sus hijos”.
Yo quiero que mis hijos se eduquen con un pensamiento crítico y que no se les siga adoctrinando con absurdos tales como: Un hombre vivió dentro de un pez; una mujer se convirtió en estatua de sal y una burra habló.
Hablan de religión en las escuelas y de política en los pulpitos. El matrimonio igualitario y la educación sexual en las escuelas para advertir sobre los derechos reproductivos y que se reconozcan los derechos del colectivo LGBTI, son agriamente criticados con sulfurosos mensajes, que parecen ignorar que la sociedad está regida por una Constitución republicana y no por la Biblia. ¡Libro del que hay más de 300 versiones diferentes!.
Regresemos a la sensatez. Pongamos fin a esa falsa campaña que promueve la intolerancia en lugar de la tolerancia, y el odio en vez de amor, alejándose cada vez más de las palabras que ustedes mismos profesan. ¡Hostos, cuanta falta nos haces, para seguir abogando por una educación laica!

