Que haya diputados que se resistan a rendir cuentas es lo menos. Con todo y que la actitud suponga una violación del artículo 92 de la Constitución. Salvo honrosas excepciones, a los congresistas lo único que les preocupa son intereses como el cofrecito y los privilegios que supone la condición legislativa. No han rendido cuentas de la misma manera que tampoco se han preocupado por establecer responsabilidades sobre el déficit fiscal en que según la Cámara de Cuentas incurrió el Gobierno en 2012.
También les ha importado un comino el destino de los alrededor de 2,300 millones de pesos que se habrían erogado en “ayudas” sin sustentación, de 2006 al 2010. La falta no es de dos o tres legisladores, de esos que suelen ser una mancha para la sociedad, sino de unos 40. Casi la cuarta parte de la matrícula. Si carece de algún mecanismo para sancionar a los miembros que incumplen con sus funciones, el cuerpo legislativo debe pensar en crearlo. Gente que viola la Constitución no tiene la más mínima autoridad moral para elaborar leyes.
