Durante décadas que aún no han sido del todo superadas, el populismo ha sido en América Latina una de las más deletéreas retrancas que han impedido avances realmente notables en el progreso, la calidad de la vida de la gente, y todo debido a las irresponsables y engañosas políticas públicas impulsadas por gobiernos que llevan al poder mediante el voto popular.
Como no siempre esas erróneas políticas cuentan directamente con los gobiernos de turno, advertidos de los efectos negativos que tendrían para ellos, se trata entonces de aplicar una especie de populismo legislativo para convertir en leyes iniciativas lesivas al interés general pero que complazcan a determinados intereses.
En la República Dominicana se ha puesto en movimiento una propuesta que encaja al dedillo dentro del nefasto populismo, ya que el objetivo es despertar un fantasma dormido en el tiempo, tras un historial de fracasos e ineficiencias: el sistema de reparto con fondos públicos que nunca fue sustentable.
A 20 años de que este escollo institucional quedara atrás con la desaparición del Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS) y de que rige un sistema de capitalización individual que ha mostrado buenos resultados, nadie logra entender en su sano juicio cómo pretende reinstalar un descalabro y eliminar una conquista de la clase trabajadora.
Aunque la ley de Seguridad Social y los fondos de pensiones pueden ser objeto de procesos de actualización y modernización, y de hecho hay buenas iniciativas al respecto, a la luz de los resultados que ambos sistemas han dado buenos frutos.
Sólo mentes calenturientas y de inconfesables intenciones como el alegre diputado Pedro Botello y el presidente del Colegio Médico Dominicano, Waldo Ariel Suero, se han atrevido a abogar públicamente por la locura que supondría para los trabajadores y la economía en su conjunto, retornar al malogrado sistema de reparto.
Frente a este contrario al clamor de institucionalizar al país en todos los órdenes de la vida pública, ha quedado más que demostrado, que el sistema de capitalización individual debe ser preservado para que los trabajadores puedan continuar, junto a sus empleadores, aportando a un plan que les garantiza pensiones adaptadas a los aportes individuales de cada trabajador y que con las reformas introducidas resultarán más viables, rentables y eficientes.
Por: Luis Manuel Báez
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